En Valderrobres, entre los muros centenarios de piedra y tiempo, la figura de un músico cobra vida en silencio. Tallado con gesto serio y concentrado, el personaje sostiene la flauta y el tamboril como quien sostiene el pulso de una historia antigua: una música que ya no se oye pero que perdura en la mirada.
"Quizá fue un juglar que decidió no marcharse con el último crepitar del fuego, y su canción quedó suspendida para siempre en el latido de esta piedra".

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